Hay unos pocos días al año en los que hace el tiempo perfecto. Días en los que se puede correr disfrutando del sol, pero sin pasar calor. Y en los que las zonas sombreadas no nos dejan helados. Esos días, no podemos quedarnos en casa.
Así que he aprovechado esta bonanza perfecta y me he tirado al monte para comprobar que todo estaba en orden. Los pájaros lo dan todo cantando y las flores van asomando sus cabezas entre la hierba. Hasta las vacas estaban más curiosas que en otras ocasiones, y se han acercado a departir conmigo.
Una salida realmente maravillosa. No tanto porque haya trotado con más garbo, como por lo que me rodea. Porque cuando el paisaje y el tiempo nos regalan el paraíso, no te fijas a qué velocidad corres.
1h 25 min





No hay comentarios :
Publicar un comentario