miércoles, 18 de febrero de 2026

Cometas rojas


Después de la lluvia vino el viento. Y no una ligera brisilla, de esas que se agradecen cuando llevamos un rato trotando. Lo que hemos tenido han sido vendavales salvajes que han durado varios días seguidos. Los meteorólogos lo han llamado tren de borrascas. Para el resto de las personas humanas ha sido una hartura de mal tiempo.

Aunque a veces me gusta salir a correr en medio de una galerna, en general odio el viento con toda mi alma. Entiendo que la gente que vive en regiones expuestas a ventarrones continuos se vuelva loca. Así que durante estos días he asomado muy poco la cabeza fuera de casa.

Pero, cuando lo he hecho, he visto varias veces a los dueños del aire. Aves que cabalgan los vientos y juegan con los temporales. En las costas marinas son las gaviotas las que parecen disfrutar con los huracanes; tierra adentro los mejores malabaristas son los milanos reales.

De hecho, yo pensaba que en Inglaterra los llamaban cometas rojas porque parecen flotar como esos juguetes infantiles. Pero la realidad es todavía mejor: son las cometas las que deben su nombre a estas preciosas rapaces. Una gran justicia poética.






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