Desde que vallaron una finca en la zona de los Peñascales, y cortaron el sendero que solía usar para uno de mis recorridos, no he vuelto mucho por allí. Pero, aunque la vuelta que me llevaba por el Pendolero ya no está disponible (a no ser que pise asfalto durante un rato), lo cierto que es que echaba de menos trotar por el arroyo de Trofa.
Así que me he inventado un nuevo recorrido, bajando por el camino habitual y subiendo luego siguiendo este arroyo. Lo que pasa es que, a mitad de subida, las sirenas silvestres han cantado con voz seductora y he terminado perdido en trochas por un pequeño vallejo cubierto de encinas y jaras.
Un desvío que me ha encantado, aunque correr, lo que se dice correr, no he podido hacerlo mucho durante ese tramo. El caso es que, entre lo lento que troto, que el recorrido se aleja más de lo habitual, y mi querencia por los cerros de Úbeda, lo cierto es que al final he pasado las dos horas de reloj. Y ya no está mi viejo cuerpo para estas alegrías.
2h 11 min





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