Lo de leer y correr siguen a veces caminos paralelos. En ocasiones devoramos libros con la misma intensidad con la que tragamos kilómetros. En otros momentos la cosa va más relajada. En 2024 la lectura me permitió disfrutar de muchas carreras vicarias desde el sofá. En 2025, tan sólo me asomé una vez a ese mundo del trote literario.
Normalmente me tengo que adentrar en otras lenguas para poder leer libros que me apetecen. Bien porque los quiero tener recién publicados o porque no los encuentro en español (aquí se traduce mucho menos que en otros países). Por eso los libros de Shion Miura los he tenido que leer en inglés, o en italiano en el caso de Corri col vento. Un entretenido relato de ficción con la Hakone Ekiden de fondo.
En italiano también pude conseguir La vocazione di perdersi, de Franco Michieli. Un ensayo con el que comparto totalmente la vocación de salirse de los caminos marcados, y sobre todo el placer de saberse perdido.
Me gustó también el Breviario del viejo corredor, en el que Lluis Alabern reflexiona sobre sus experiencias. Sin embargo, de Markus Torgeby no llegó a fascinarme tanto Under the Open Skies como su primer libro (el listón estaba muy alto).
Emelie Forsberg tampoco consiguió engancharme demasiado con Vivre Et Courir (a pesar de lo bien que me cae esta corredora). Ni Jason Robillard, con Never Wipe Your Ass with a Squirrel (a pesar de su humor). Vassos Alexander, tampoco está en sus mejores momentos con How to Run a Marathon. Y lo de Jogging no deja de ser sólo una simple curiosidad.
Así que, de estos dos años me quedo sobre todo con tres libros:
In It for the Long Run, en el que Damian Hall transmite toda su pasión por las carreras. Un libro sobre "la maravillosa, aunque ocasionalmente dolorosa, felicidad que proporciona el correr largas distancias por el campo, y sobre el atractivo añadido de hacerlo a veces por cuenta propia".
Y dos libros del atleta y biólogo Bernd Heinrich. Why We Run, en el que combina sus experiencias como corredor con la investigación científica de los mecanismos que usamos cuando corremos. Y Racing the Clock, en el que hace lo mismo, pero teniendo en cuenta las consecuencias que el envejecimiento provoca en nuestros cuerpos cuando trotamos.

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