sábado, 3 de enero de 2026

Orillas del Duero


No se me ocurre otra forma mejor de empezar el año que saliendo a correr al amanecer, sobre todo en una cuidad. Porque lo que a primera vista puede parecer una locura, realmente es una experiencia única: nunca vamos a tener las calles y parques para nosotros solos. Es un paisaje del "día después."

Así que, aprovechando que el cambio de año me ha pillado en Zamora, he trotado al alba por las orillas del Duero. Con el río, y la ciudad, envueltos en la niebla, lo que le ha añadido todavía más magia al recorrido.

La salida ha sido corta, apenas una hora remontando el Duero hasta la isla de las Pallas. En la bajada, la ciudad seguía dormida, así que he podido cruzar el puente de piedra en soledad. Durante esta parte del recorrido lo que si que he visto han sido varios azulones medio dormidos en el agua, unos cuantos cormoranes y un par de garzas. Los animales no saben de fiestas, ni de calendarios.

Al final, he trotado la cuesta que lleva hasta la catedral y los callejones de la parte antigua. Una carrera perfecta para empezar un año en el que mi deseo como corredor es que pueda seguir trotando los doce meses.









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