Nos faltan palabras para describir la niebla. Porque no es lo mismo esa niebla cerrada que a veces cubre los campos y nos limita la visión a unos pocos metros, que la tenue gasa que en otras ocasiones tan sólo vela ligeramente el paisaje.
A veces hay pequeños bancos de niebla, que se esconden traviesos en los huecos de las montañas, mientras que otros flotan como fantasmas sobre lagos o ríos. Hay campos de niebla que parecen mares, cuando se ven desde lo alto de algún pico. Nieblas que suben desde las tierras bajas, nubes que bajan del cielo y se convierten en niebla al tocar tierra.
En esta época del año, los montes de Hoyo quedan ocultos a menudo por la niebla. Por las nieblas variadas que en el mundo existen. Y toca correr dentro de ellas como el que se sumerge en aguas desconocidas. Porque todos esos millones de gotitas que flotan en el aire transforman la realidad cotidiana en el escenario de nuestros sueños. Y cada año pienso lo mismo: borrina, bruma o neblina están bien; pero nos siguen faltando palabras para llamar a cada niebla por su nombre.





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