Esta semana hemos tenido cielos grises. Una capa de bruma sucia ha ido cubriendo el paisaje poco a poco. Y, cuando por fin ha llovido, más que agua ha caído lodo.
Con este panorama no me ha importado tanto haberme tenido que quedar en casa casi todos los días. La logística se ha unido a la prudencia para curar una pequeña molestia en la parte trasera del muslo, por eso he salido poco a trotar bajo esta especie de apocalipsis cutre.
Menos mal que el campo está ahora a su bola y le importa poco lo que pase por allá arriba. Las plantas, las hojas de los árboles, la hierba... todo crece ante nuestros ojos por momentos. Y los pájaros siguen cantando sin parar a pesar de esta luz mortecina. Espero de todas formas que la semana que viene se abran los cielos y aparezca de nuevo la luz.




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