domingo, 6 de agosto de 2017

Bienvenido al norte

Por mucho que ya sepa con lo que me voy a encontrar, siempre me sorprende la extraordinaria humedad del norte. Aunque sea en días soleados y con viento, al correr por estas tierras terminó totalmente bañado en sudor. Es como si abrieran un grifo en mi cuerpo y me vaciara en forma líquida.

Una sensación a la que hay que acostumbrarse poco a poco, sobre todo si venimos del secarral castellano en el que tan sólo nos queda la sal en piel después de una carrera larga.

Aunque gracias a esa humedad constante los paisajes del norte son tan rozagantes. Cuando corremos por senderos campestres es imposible salirse de ellos, porque el monte es una selva llena de arbustos, matas y hierbas imposible de atravesar. Más todavía cuando lo que prima es la púa y la espina. Zarzas, tojos, espinos, ortigas... El mundo vegetal en estas tierras conspira contra los corredores en pantalón corto.

Afortunadamente el monte Tecla cuenta con una gran variedad de caminos y senderos por los que moverse. Aquí el problema es la pendiente, ya que en muchas ocasiones lo difícil es mantener la suficiente velocidad como para fingir que realmente corremos.

Pero más lento o más rápido lo mejor es terminar siempre en lo alto de esta pequeña colina. Las espectaculares vistas desde la cima nos permiten disfrutar del paisaje hacia los cuatro puntos cardinales. Con el mar al oeste, las sierra costera al norte, la campiña gallega al este, y el Miño separando y uniendo España y Portugal por el sur.

1h 38 min


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