El agua ha hecho acto de presencia justo a finales de septiembre. Pero el otoño sigue sin darse por aludido. Lo bueno es que el campo huele de maravilla y los cielos con nubes mejoran el alma.
La lluvia que ha estado cayendo estos días no encharca todavía los caminos (mucha más tiene que caer todavía!), pero la humedad hace que la hierba seca que se tronchaba después de un verano tan seco huela ahora con el perfume del final del verano.
Hay gente que prefiere el olor de la tierra mojada, yo me quedo con el del heno húmedo. Aunque sólo sea por eso, ya merece mucho más la pena salir de casa a trotar cuando todavía es de noche.



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