Hace unos días pude salir a correr a la luz blanca de la luna llena. Más tarde, trote con el sol rozando el horizonte e iluminando el campo con su luz dorada. Los dos astros nos regalan a veces en esta época espectáculos llenos de color.
También he estado saliendo últimamente con cielos cubiertos o entre la niebla, con el campo pintado de gris. Porque en el fondo, en esta época del año lo que solemos encontrarnos son paisajes apagados. Las hojas amarillas de los árboles ya cayeron hace tiempo y ahora sólo nos quedan sus ramas desnudas.
Por el campo me encuentro ya sólo con colores pardos, con poca vida correteando entre las jaras y enebros. Lo que si me ha sorprendido es escuchar un autillo con voz ronca en el pinar un día que salí a trotar cuando el sol todavía no iluminaba el campo. Sería un ejemplar rezagado que viajaba al sur al ritmo que yo corro.






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