Una semana breve desde el punto de vista deportivo, ya que al calor tremebundo que disfrutamos ahora se le ha unido un virus tontorrón que me ha dejado con la nariz taponada y el cuerpo pidiendo la hora.
No sé si ha sido un simple trancazo o una nueva cepa del Covid, pero he tenido que parar después de correr tan sólo un par de días. Dos salidas breves que por lo menos me han permitido comprobar cómo está el campo de Hoyo en estos momentos: totalmente reseco.
En mayo llovió poco, en junio menos todavía. Y las olas de calor brutal comenzaron con el inicio del verano. Así que lo que me sorprende es encontrar todavía algo de agua en la charca más grande del Camorcho. Porque el resto del paisaje está ya en esa fase de precalcinamiento que anuncia al menos un par de meses muy duros por delante. Nos va a tocar bailar la danza de la lluvia para que esto mejore un poco.







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