lunes, 30 de septiembre de 2013

Presa del Gasco



Es curioso cómo cambia un recorrido cuando se hace de noche. Sobre todo si no lo conocemos perfectamente. Aunque por nuestra propia seguridad siempre conviene haberlo hecho antes con luz, para evitar dudas en los cruces de senderos (que no es cosa de perderse), lo cierto es que la oscuridad aporta mucha magia.

Al correr de noche, no tenemos referencias lejanas y reducimos la realidad a lo inmediato. En concreto a los próximos cinco o diez próximos pasos que vamos a dar. Eso nos hace centrarnos sólo en el pequeño tramo de sendero que tenemos delante. Y las cuestas las tomamos con más precaución, lo que suele venir bien a la larga.

Además, todo lo que queda fuera del halo de luz adquiere un tono misterioso. Los sonidos, formas y movimientos de la noche nos sumergen un poco en un ambiente de cuento infantil.

Es posible que este recorrido se vaya convirtiendo en un clásico, porque me va a venir bien para aprovechar el horario de entrenamiento de mi hija. Lo malo es que cuando ya lo conozca como la palma de mi mano perderá esa magia de correr un poco por lo desconocido.


11,49 (7,14 millas)
407 m
1h 10 min (9,85 Km/h)


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