Esta semana he disfrutado de salir a correr con el sol iluminando ya el campo. Atrás quedaron esos meses en los que trotaba a oscuras, aprovechando a veces la luz de la luna llena. Lo que tiene su mística, pero se agradece poder disfrutar del paisaje.
Con el cambio de hora, llegarán de nuevo las tinieblas durante un par de semanas. Pero la noche invernal de los corredores madrugadores ha terminado. El ciclo del año comienza de nuevo.
Un inicio difícil de concretar, porque la naturaleza no atiende a las fechas del calendario. Y sin embargo, todos sabemos cuando, de pronto, la cosa cambia. No porque seamos unos observadores atentos, sino porque en el fondo también formamos parte de lo que vemos.
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