jueves, 24 de mayo de 2018

A cámara lenta

No sé si es la astenia primaveral, la falta de gasolina o, simplemente, la edad. Pero el caso es que de un tiempo a esta parte me arrastro malamente por los caminos. Para alguien que me vea pasar, no parece que nada haya cambiado mucho, porque nunca es que haya sido precisamente rápido. Pero la procesión va por dentro.

Una procesión que empieza en las piernas (de plomo) y termina en los pulmones (vacíos). Un estado de forma, o falta de ella, en la que si continúo trotando es mitad por cabezonería y tres cuartas partes por seguir disfrutando del campo. Porque el octavo pecado capital es quedarse en casa en esta época del año.

Sobre todo si por el cielo trotan también nubes más o menos densas, que convierten cualquier paisaje en un dibujo infantil (y dan una sombra de vez en cuando que se agradece).

Además, aunque sea al paso de la burra, puedo recorrer también caminos por los que hace tiempo que no pasaba. Como el que le da la vuelta a Hoyo por el camino de las viñas. Un placer que me hace casi olvidar lo que me cuesta ahora subir y bajar cada pierna

1h 43 min


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