viernes, 22 de marzo de 2013

Yo que tú no lo haría


Cuando a alguien le gusta algo, suele recomendárselo a los que conoce. Y más si encima piensa que es algo sano. Así que lo normal es encontrarse en todas partes gente haciendo apología de correr.


A mí también me gusta mucho, y pienso que es muy bueno para la salud. Y sin embargo… Sin embargo no suelo recomendárselo a nadie. Aunque tampoco se lo quito de la cabeza si están por ello. Todo lo contrario. En fin, intentaré explicarlo.

Correr tiene cosas buenas, incluso para los que no les gusta demasiado. Es fácil, no requiere material específico, no hay que coordinarse con nadie para practicarlo y no hace falta perder tiempo yendo hasta un polideportivo. Basta con abrir la puerta de casa y salir por patas.

Pero yo no lo recomiendo indiscriminadamente porque creo que es una actividad que suele gustar sólo a un determinado tipo de personas. Y digo gustar de verdad. Correr por correr. Porque para perder peso hay cosas mejores (empezando por cambiar hábitos de dieta). Y Para estar en forma también, sobre todo andar, nadar y montar en bici.

A mí me aburre mucho nadar en una piscina (lo he practicado durante temporadas sueltas en el pasado), por mucho que sepa que es lo mejor del mundo. Por eso pienso que los que no corren nunca es porque no les gusta. Porque si no ya lo estarían haciendo.

En cuanto a los niños, lo suelo desaconsejar directamente. Creo que una de las mejores cosas que pueden hacer es practicar algún deporte. Pero también pienso que es mucho mejor que practiquen deportes de equipo. Más allá de que sean buenos para la salud, los beneficios son más y mejores.

Para empezar la parte lúdica. Jugar al fútbol, baloncesto, voleibol, balonmano, hockey… es jugar. Correr no es jugar. A pesar de haya personas que disfruten haciéndolo. Y el juego conlleva lo más importante: ganas de verdad de seguir haciéndolo.

Un niño de siete años juega a lo que sea. Pero uno de catorce, sobre todo si es chica, sólo lo hace si de verdad le gusta y ha aprendido a hacerlo. Y es más fácil que se enganchen con un juego que no con un deporte solitario.

Pero, sobre todo, creo que los deportes de equipo conllevan unos valores educativos que no tiene el deporte individual. Compromiso, responsabilidad, compañerismo, esfuerzo, respeto (por sus compañeros, entrenador, contrincantes y árbitros), humildad… Y trabajo en equipo.

Cuando vayan creciendo ya les entrarán ganas de correr si les gusta. Para eso tienen toda la vida. Pero la experiencia de formar parte de un equipo sólo la pueden conocer de verdad cuando son niños.

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