miércoles, 12 de junio de 2019

La Najarra

Hay que aprovechar estas semanas finales de la primavera para correr por la sierra. Por un lado el tiempo es todavía muy agradable, y se puede trotar sin sudar la gota gorda, al menos a primera hora de la mañana. Además, en la zona más alta de las montañas las genistas siguen en flor. Un espectáculo que transforma los pedregales yermos en un jardín amarillo con olor a miel.

Por eso me he acercado hasta la Najarra. Una montaña que lo tiene todo. Partiendo desde la fuente del Cura se atraviesa primero un bosque verde de robles. Se siguen por las praderas de la Parada del Rey, para pasar directamente al gran pinar que cubre las faldas del monte.

Luego nos tocará trepar entre farallones de roca (esta vez sin cabras monteses a la vista) y por canchales en la zona de la peña Rubia. Desde ahí, tan sólo queda atravesar una alfombra de genistas en el ataque final al castillo de la Najarra.

De todos los senderos que suben a lo más alto de esta montaña, quizás sea este el que ofrece las vistas más espectaculares. Porque el que trepa desde el Hueco de San Blas por la cara sur directamente hasta el collado es demasiado cerrado. Y las rutas más clásicas que siguen la Cuerda Larga pecan de monotonía y de un entorno demasiado pelado.

La bajada la he hecho en plan relajado desde el collado hasta el puerto de la Morcuera. Y luego desviándome, ya casi al final, para pasar al lado del embalse de Miraflores.

Una salida en la que he mantenido el tipo mejor de lo esperado (es lo bueno de no esperar mucho). Porque lo único malo es que en la subida por la Peña Rubia es imposible correr durante un buen tramo. Quizás la próxima vez haré el mismo recorrido en sentido inverso. Por aquello de que en la variación está el gusto.

3h 09 min







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