martes, 23 de julio de 2013

Todo cambia, nada permanece



Una verdad de las del barquero, como bien sabía el sabio de Éfeso. Y en uno de esos cambios que da la vida, mis carreras montaraces van a quedar probablemente en el olvido. O, al menos, muy reducidas. Tanto en número como en duración.

Han sido unos años en los que he podido disfrutar del campo en soledad, con todo el tiempo del mundo a mi disposición (o casi). Pero ahora tendré que volver a trotar a ratos perdidos, por caminos nuevos y mirando el reloj. Aunque quizás me pueda resarcir los fines de semana, haciendo alguna salida más larga. Y, por supuesto, al alba.

1 comentario :

  1. Como en todo cambio, seguro que veras el lado positivo y encontrarás nuevas metas, terrenos, ... Incluso el asfalto :-)
    Enhorabuena y ánimo!

    ResponderEliminar