domingo, 10 de agosto de 2014

Pozos de Noja

Mañana de playa soleada y tarde de cielo nublado. Así salen muchos días de verano en Cantabria. O al reves. O lloviendo todo el rato. O con un sol de justicia. Es la loteria del tiempo en el norte. Y lo que toca, toca.

En este caso, después de disfrutar del mar por la mañana podía correr sin agobios ni calor antes de cenar. Y como tenía ganas de subir otra vez hasta lo más alto de la Peña Pelada, decidí seguir el camino que sube hasta los pozos de Noja, a ver que tal salía la tarde.

El caso es que yo suelo sudar bastante. Pero nunca tanto como en los días nublados por estas tierras. Y en esta ocasión al cabo de una hora subiendo a ritmo tranquilo parecía que me había caido al río. Repetidas veces. De hecho, cuando al final de la cuesta me metí entre la niebla ya no quedaba nada seco.

El problema de la niebla no fue que me mojara con la llovizna suave que caía. Ni siquiera me molestaba el fresquete. Lo malo de verdad es que perdí las referencias del camino y terminé corriendo (o mejor, arrastrándome) campo a través. Metido entre ciénagas y tojos. Con vacas mirándome con esa expresión de asombró eterno que tienen en los ojos (menos una con terneros, que se me puso farruca mientras les daba un ámplio rodeo).

Siempre que me pierdo y despisto el camino, la velocidad baja hasta el ritmo de un paseo. Así que viendo que la luz empezaba a caer, decidí dejar la subida a la Peña Pelada para otra ocasión. Y terminé el paseo en Rubalcaba, donde vino a buscarme un alma caritativa, evitándome hacer ya anocheciendo el trozo más feo del recorrido.

21,00 km (13,05 millas)
990 m
2h 54 min (7,24 Km/h)

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