jueves, 24 de diciembre de 2020

Vivir sin sol


Estos días de niebla cerrada nos trasladan un poco a esos países del norte donde casi no se ve la luz del sol en invierno. Durante unas horas, una leve luz nos permite ver las cosas sin tener que encender las farolas. Pero luego esa claridad lechosa se extingue para dar paso a la noche.

El primer día así tiene la emoción de la novedad. Al segundo ya te entra la bajona. Porque aunque salgamos a trotar por el monte, lo cierto es que la niebla anula mucho el paisaje. Tan sólo cuando se abre un poco podemos disfrutar de los jirones de nubes entre los árboles y las rocas.

O cuando llegamos a lo alto de un montecillo y emergemos de esos mares y ríos de espuma blancos, por los que hemos estado buceando. Descubrimos entonces que existe otro mundo, en el que podemos admirar las montañas a lo lejos. Es el momento de relajar la vista en el horizonte, antes de que desaparezca cuando nos sumerjamos de nuevo en el purgatorio lácteo de la niebla.








No hay comentarios :

Publicar un comentario